Extorsionaban y obligaban a las víctimas a depositar el dinero en cuentas en Estados Unidos, luego regresaban en “remesas”.
Una presunta red de extorsionistas que operaba entre El Salvador y Estados Unidos y que era dirigida desde los penales salvadoreños fue desarticulada con el apoyo del Buró Federal de Investigaciones (FBI, en inglés) tras dos años de investigación de ambos países.
El resultado de las indagaciones efectuadas por el Centro Transnacional Antipandillas (CAT), ubicado en El Salvador, revelan que la banda delincuencial estaba compuesta por al menos 50 personas, de los cuales, 14 residen en las ciudades de Nueva York y Virginia, de Estados Unidos.
Las autoridades salvadoreñas están a la espera de los presuntos miembros de esa banda en Estados Unidos sean capturados.
En El Salvador, la banda era integrada por 17 pandilleros, seis de ellos están recluidos en diferentes centros penales del país, incluso, en el supuesto penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, donde operaba el presunto líder Damián Antonio Zelaya.
Una veintena más de miembros de la banda de extorsionistas la conforman, según la Policía, las esposas, novias, madres y amigos de los pandilleros que participaban activamente en la ejecución de cada una de las aproximadamente 90 extorsiones realizadas en los últimos cuatro años.
El modus operandi
De acuerdo con el subdirector de Investigaciones de la PNC, comisionado Howard Cotto, el primer paso para iniciar la extorsión lo efectuaban los parientes de la banda, quienes se dedicaban a seleccionar a las potenciales víctimas, averiguaban su condición económica, así como los datos necesarios para chantajearlos.
La información detallada era proporcionada a los pandilleros recluidos en los penales, quienes realizaban las amenazaras desde el interior de sus celdas, con sus teléfonos celulares.
Desde ahí las víctimas escuchaban los tonos amenazantes de sus extorsionistas, que les aseguraban que estaban en riesgo si no cancelaban una determinada cifra de dinero.
Ante el temor de que las amenazas se hicieran efectivas, las víctimas accedían a cancelar diferentes sumas de dinero, el cual era enviado por correo hacia las ciudades de Nueva York y Virginia, donde los pandilleros recibían las sumas del efectivo.
Según las autoridades, de ese dinero, los receptores tomaban una parte mínima y varias horas después el efectivo retornaba a El Salvador en calidad de “remesas familiares”.
En el país, las recibían los mismos parientes de los pandilleros que habían seleccionado a sus víctimas. “Este modus operandi es una especie de lavado de dinero. Las personas que recibían ese dinero tenían la justificación de que había sido enviado desde Estados Unidos”, señaló Cotto.
El dinero posteriormente era repartido entre los pandilleros recluidos en penales y sus familiares.
La deuda de seguridad en los centros penales para evitar que las cárceles se conviertan en oficinas para la planificación de hechos delictivos sigue presente en el país. El movimiento de dinero producto de extorsiones hasta los centros penales ya ha sido confirmado por la PNC.
El director de la corporación confirmó a principios de año que un aproximado de $8.4 millones reciben al año los internos de las cárceles en el país como producto del pago de extorsiones.
La vinculación de hechos delictivos entre pandilleros en EUA y El Salvador tampoco es nueva. En 2008, la PNC estableció que al menos 18 homicidios ocurridos en el país fueron ordenados desde el penal de máxima seguridad y desde Estados Unidos por pandilleros presos por otros crímenes.
Aunque la Policía responsabiliza a esta banda de la extorsión de 90 personas durante 2006, 2007 y 2008, solo han podido comprobar el movimiento de $57,290 producto de 12 casos denunciados, por lo que la Policía no descarta que el monto del dinero aumente considerablemente a medida avance el proceso investigativo.
El origen del caso
El subdirector Cotto indicó que las primeras señales de la existencia de una red de extorsionistas que operaba entre El Salvador y Estados Unidos surgió en octubre de 2006, cuando en algunas viviendas de pandilleros detenidos localizaron certificaciones de haber recibido remesas provenientes del país del norte.
En algunas ocasiones, ya algunas víctimas habían señalado que extorsionistas les ordenaban enviar el dinero hacia Estados Unidos.
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